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Vinatea aprovecha la trama de la tela incorporándola a la composición. Los efectos de la tela desnuda o de aquella que se deja transparentar bajo las capas de pintura, le permiten ir construyendo su característica manera de representar el espacio. "Procesión Serrana" ejemplifica una de las formas en que Vinatea manejó este recurso. Dibujando con la tela cruda, marca las sombras en la arquitectura de la iglesia de Checacupe. La imprecisión de las líneas refuerza el efecto de vibración lumínica que inunda el lienzo, pero es sin duda en sus escenas del lago donde incorpora con mayor decisión la tela a la composición. Pintados sobre yute, estos lienzos complementan la trama de la tela con el uso selectivo de empastes gruesos que nos obligan a alternar constantemente entre el soporte y la profundidad del espacio representado. Todo esto cobra sentido en el efecto decorativo de la pintura de Vinatea, cuando incorpora numerosas figuras que crean la sensación de un tapiz.

Vinatea debe ser comprendido ante todo como el pintor que mejor supo trasladar al lienzo las expectativas culturales de la sociedad en que vivió ya que aunque su obra no abundá en mensajes programáticos, logró crear representaciones ideales del indio y de lo andino que consolidaron la vertiente consensual del indigenismo. El éxito de su particular aproximación al mundo andino se debió principalmente a su capacidad para sintonizar con las aspiraciones del momento. Pero como figura de pintor, Vinatea también encarnó la imagen ideal del artista forjada por el medio intelectual. No hay que olvidar que fue el alumno predilecto de Daniel Hernández, el primer graduado con medalla de oro de la ENBA y el pintor más elogiado por la crítica de su época. Producto de la enseñanza impartida en la Escuela Nacional de Bellas Artes, Vinatea llegó a ser el artista ejemplar de su generación, aqué en quien pareció realizarse la promesa de una pintura nacional. Por todo ello fue, sin duda, el pintor paradigmático de la sociedad peruana de los veinte.
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