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Ya en Lima, estudió bajo la dirección de Daniel Hernández en la recién creada Escuela Nacional de Bellas Artes. Hernández, pintor profundamente académico, había residido más de cuarenta años en Europa y su influencia sobre el joven Vinatea se tradujo en una depurada técnica artística. Al egresar, Vinatea recibe la medalla de oro de Bellas Artes, escuela con la que permanecerá vinculado como profesor auxiliar de pintura.
Al año siguiente, inaugura el Salón de los Egresados, creado por Hernández para exhibir la obra de nuevos pintores. La participación de Vinatea en los Salones anuales siguió siendo extremadamente relevante.
Trabaja intensamente, tanto en su pintura como en Mundial, donde no solo publica caricatu
sino también reproducciones de obras suyas -algunas de las cuales sólo conocemos por este medio. La excesiva carga laboral resulta perjudicial para su salud y contrae tuberculosis.
Después de los temas limeños, diversos viajes al sur del país (Arequipa, Puno, Cusco) le proporcionan temas en los que insistiría una y otra vez, creando un "indigenismo" que se aparta, sin embargo, de la línea indigenista "oficial" de Sabogal y sus discípulos. Entusiasmado con una exposición prevista en Buenos Aires, redobla la intensidad de su trabajo hasta que finalmente, en junio de 1931, muere en Yanahuara, poblado cercano a la ciudad de Arequipa que había sido objeto de su pintura.
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